
En este momento de mi formación, mientras termino la carrera de Psicología Educativa, veo las cosas de una manera muy distinta a cuando empecé. Al inicio entré emocionada, pero sin imaginar todo lo que llegaría a comprender sobre el ser humano. Hoy no veo a las personas solo como estudiantes o como “casos”, sino como seres humanos con historias, emociones, dificultades y experiencias que marcan profundamente su forma de aprender y comportarse.
Este proceso me ha hecho más consciente y más empática. He aprendido a mirar más allá de la conducta y del rendimiento académico, entendiendo que muchas veces detrás de un niño con dificultades hay situaciones familiares, problemas emocionales, trastornos o necesidades que no han sido atendidas. También he descubierto que la psicología educativa no se trata solo de evaluar o dar orientaciones a los padres, como pensaba antes, sino de acompañar, prevenir, apoyar y trabajar de manera integral con el estudiante, la familia y la escuela.
En la actualidad, en el año 2026, veo más que nunca la importancia de la psicología escolar. Vivimos en una realidad donde muchos niños y adolescentes presentan ansiedad, problemas de conducta, dificultades de aprendizaje, baja autoestima y situaciones familiares complejas. La salud mental ha tomado un lugar central, y la escuela se convierte en un espacio clave para detectar a tiempo estas situaciones y brindar apoyo oportuno.
El psicólogo escolar no solo interviene cuando el problema ya es grande, sino que también trabaja en la prevención, en el fortalecimiento de la autoestima, en el desarrollo del autoconcepto y en la creación de un ambiente escolar más humano, donde el niño pueda expresarse, sentirse escuchado y comprendido. La intervención temprana puede cambiar la vida de un estudiante y ayudarlo a convertirse en un adulto más sano, seguro y funcional.
Por eso, me proyecto en los próximos años como una profesional que no solo cumple una función, sino que se convierte en una figura de apoyo para niños y adolescentes. Quiero ser una psicóloga que escuche antes de juzgar, que ayude a los estudiantes a sentirse parte de la escuela, que apoye también a las familias y que trabaje por la inclusión de aquellos niños con condiciones o necesidades especiales.
He comprendido que esta carrera no se trata únicamente de educación, sino de vidas, emociones y futuro. La psicología escolar tiene el poder de transformar realidades y de sembrar bases emocionales sanas en los estudiantes. Por eso, mi meta es dar lo mejor de mí y ejercer esta profesión con compromiso, sensibilidad y vocación de servicio.
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